martes, 3 de febrero de 2009

El sonido de la desolación

Está atento a los ruidos de la casa.
Ahora son distintos. No queda mucho del ruido anterior.
Cuando la casa estaba habitada, y la presencia de Madre se dejaba sentir en todos los cuartos.
Ahora es como si la casa misma enmudeciera.
Algunas tuberías rechinan, el tiempo y la humedad están cobrando su cuota.
Las paredes truenan, como si los huesos ya empezaran a mostrar signos de debilidad.
Entre las cosas parece que la corrupción y la decadencia cayera sin misericordia.
Pero se esfuerza por escuchar.
Nada lo distrae, nada desde que sus hermanos no están.
Ya no puede oírse la radio, con el volumen elevado. Ni la tele con las novelas preferidad de Madre.
Algunos maullidos, pero casi siempre la casa está oscura.
Y él no puede evitar preguntarse, si la casa guarda entre sus paredes los ecos de años más felices.

1 comentario:

Marfila dijo...

y si esas paredes han amasado también tus sueños, tu futuro incierto, este presente nuestro....
yo las proclamo y les envidio todo lo que de tí tienen, lo que de tí aman.....