lunes, 12 de enero de 2009

Sobre temas de vida y muerte: el oportunismo de algunos

Leo a Lydia Cacho en su columna del día de hoy.
En ella, la periodista y activista, pondera la propuesta hecha por el partido verde ecologista (con minúsculas, por favor), en la cual se pide la pena de muerte para homicidas y secuestradores.
Independientemente de que creo firmemente en que la pena de muerte no inhibe el crimen, y que los sistemas carcelarios han quedado rebasados desde hace mucho, el tema nos debe servir como punto de reflexión acerca del estado de las cosas en que estamos inmersos.
Es cierto que la sociedad mexicana se siente desprotegida. Si una de las funciones del Estado es garantizar la seguridad de los ciudadanos, podemos afirmar que el Estado mexicano incumple flagrantemente tal encomienda.
Por más discursos que los políticos puedan lanzar, la percepción es que estamos a merced de grupos delictivos que medran con el miedo, y operan con una impunidad total. Los últimos meses han ofrecido un recuento de casos de horror, que difícilmente la opinión pública puede estar abierta a discutir el por qué no es viable, prudente o deseable, que se aplique la pena de muerte en este país.
¿Qué se puede hacer cuando los medios retratan historias como la de un menor de cinco años, secuestrado por familiares, y que murió cuando sus captores le obligaron a tragar ácido, cuando los reconoció?
¿Qué tipo de ser humano es capaz de matar a un menor indefenso de forma tan brutal?
¿Queremos que éste tipo de personas se reintegren algún día a la sociedad?
Y, sin embargo, aún cuando no hay justificación alguna a este tipo de conducta, no es deseable pedir que la privación de la vida sea aplicada por nuestras autoridades.
En serio, ¿ustedes pedirían que las autoridades mexicanas decidan cuándo un preso debe ser eliminado?
Con el alto grado de corrupción e ineficacia de la policía, ministerios públicos, jueces, no me atrevería a confiarles la responsabilidad de asesinar, legalmente pero asesinato al fin, a otro ser humano, por despreciable y culpable que sea. No quiero pensar en que algún día, nos despertemos con la noticia de que se ha aceptado que los mismos corruptos de toda la vida, son ahora los encargados de decidir quién merece morir, a causa de un delito, y ni hablar de la cantidad de "casos" con culpables fabricados que habría.
Hablar de pena de muerte sin hablar de una reforma integral, y más que reforma pensemos en un cambio total, del sistema de justicia mexicano es un oportunismo barato, que habla más del imbecilismo de nuestros políticos.
Pero nada se puede esperar de quienes, con el presupuesto público, esto es, con nuestros impuestos, financian una vida de lujo y boato sin igual.
El partido verde es un negocio familiar, y quienes han obtenido cargos a través de éste partidito, no representan los intereses de la sociedad.
Como lo dice la propia Lydia, los patidos verdes del mundo están a favor de la vida, y ninguno propondría en sus respectivos países la adopción de tal medida como castigo para asesinos y secuestradores.
Desde mi personal punto de vista, el país no está listo para proponer, siquiera, discutir seriamente un tema tan delicado como la pena de muerte.

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