jueves, 8 de enero de 2009

Feliz Año Nuevo en Gaza

"También tú has hecho como si no supieras nada y has cerrado los ojos.
¿Dónde está el próximo matadero?"
Elías Canetti, Apuntes

Gaza es una región que se encuentra lejos. Muy lejos como para que podamos oler la sangre, o recorrer las ruinas de edificios y casas. Tampoco podremos ver los restos humanos desperdigados, ni atender a los cientos de heridos y mutilados que el conflicto actual dejará.
Gaza está muy lejos como para organizar una cadena humanitaria de ayuda, o para que las universidades públicas sean sede de movimientos estudiantiles, que exijan el cese de las acciones militares.
Imaginemos que, en un momento dado, podamos salir de nuestra abulia, de nuestra cotidiana indiferencia, y situémonos en un escenario semejante: dos países cercanos al nuestro, abren hostilidades. Furiosamente se atacan uno a otro, sin importarles la población civil atrapada en el área de combate.
Imaginemos que uno de los contendientes es, militarmente, más fuerte que el otro, y que comienza a desplegar una ofensiva brutal. Los heridos comienzan a saturar el sistema de salud, lo que se agrava porque la otra parte no permite que la ayuda humanitaria llegue hasta los hospitales.
Toda vez puestos en este escenario, ¿no deberíamos exigir, por simple empatía, el cese de acciones que causan estragos tan devastadores?
¿No deberíamos, por simple piedad, exigir al gobierno que presione para que se declare un alto al fuego?
Dejemos de lado las cuestiones ideológicas que alimentan el conflicto. Dejemos de lado el quién comenzó con las hostilidades. Aunque se puede argumentar que el otro lado, el que despliega la ofensiva, también tiene su cuota de muertes y heridos por las acciones del adversario, ¿es suficiente excusa para causar tal destrucción?
No lo sé. Porque no podría decir si el exterminio de la población civil, en especial niños (de uno u otro bando), asegurarán el cese de ataques.
Y de igual forma, creo que estamos demasiado lejos, tanto física así como emocionalmente, del conflicto. Porque no hacemos nada que presione a las partes a sentarse y resolver por la vía del diálogo el conflicto.
Tal vez, hace ya mucho tiempo que todos estamos sordos, por eso no oímos las súplicas de ayuda.

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