miércoles, 14 de enero de 2009

Tiempo arrasado

Ahora observa una foto.
Sus padres están ahí, detenidos en el tiempo, en el devenir del tiempo que ahora los ha arrebatado.
Primero fue papá, hace ya más de 28 años. Madre se fue hace poco.
En la foto aparecen abrazados. Padre parece estar muy feliz, rodea los hombros de Madre y su cara tiene un gesto como de carcajada.
Madre tiene los brazos cruzados, sonríe apenas, parece tolerar el toque de padre. Y uno se pregunta si hay otra cosa en su mente en ése momento.
Están en la casa donde nacieron todos los hijos, la casa que padre construyó para la abuela.
Esa casa ya no es más. Sucesivas destrucciones han terminado por convertirla en un conglomerado de pequeños cuartos, que eufemísticamente llaman "departamentos".
Él lo sabe bien.
Ha pasado por ahí en más de una ocasión.
La primera vez no pudo reconocer la casa. Sólo hasta que su memoria logró aislar los pocos detalles familiares que aún persisten, pudo ubicarla.
están en la cantina, la vieja cantina que estaba en medio de la estancia, la que dividía la sala del comedor, y quedaba exactamente frente a las escaleras de piedra negra.
Lo cual refuerza la idea de que se trata de una celebración.
Detrás de ellos se observan los ventanales, y parte de un juguetero con las figuras de porcelana de Madre.
Ninguna de ésas cosas es más; y pronto, todo lo que queda de la presencia de Madre terminará por unirse a esta foto.
Meros recuerdos que no terminan de cicatrizar el hoyo que tiene en el centro del cuerpo.

lunes, 12 de enero de 2009

Sobre temas de vida y muerte: el oportunismo de algunos

Leo a Lydia Cacho en su columna del día de hoy.
En ella, la periodista y activista, pondera la propuesta hecha por el partido verde ecologista (con minúsculas, por favor), en la cual se pide la pena de muerte para homicidas y secuestradores.
Independientemente de que creo firmemente en que la pena de muerte no inhibe el crimen, y que los sistemas carcelarios han quedado rebasados desde hace mucho, el tema nos debe servir como punto de reflexión acerca del estado de las cosas en que estamos inmersos.
Es cierto que la sociedad mexicana se siente desprotegida. Si una de las funciones del Estado es garantizar la seguridad de los ciudadanos, podemos afirmar que el Estado mexicano incumple flagrantemente tal encomienda.
Por más discursos que los políticos puedan lanzar, la percepción es que estamos a merced de grupos delictivos que medran con el miedo, y operan con una impunidad total. Los últimos meses han ofrecido un recuento de casos de horror, que difícilmente la opinión pública puede estar abierta a discutir el por qué no es viable, prudente o deseable, que se aplique la pena de muerte en este país.
¿Qué se puede hacer cuando los medios retratan historias como la de un menor de cinco años, secuestrado por familiares, y que murió cuando sus captores le obligaron a tragar ácido, cuando los reconoció?
¿Qué tipo de ser humano es capaz de matar a un menor indefenso de forma tan brutal?
¿Queremos que éste tipo de personas se reintegren algún día a la sociedad?
Y, sin embargo, aún cuando no hay justificación alguna a este tipo de conducta, no es deseable pedir que la privación de la vida sea aplicada por nuestras autoridades.
En serio, ¿ustedes pedirían que las autoridades mexicanas decidan cuándo un preso debe ser eliminado?
Con el alto grado de corrupción e ineficacia de la policía, ministerios públicos, jueces, no me atrevería a confiarles la responsabilidad de asesinar, legalmente pero asesinato al fin, a otro ser humano, por despreciable y culpable que sea. No quiero pensar en que algún día, nos despertemos con la noticia de que se ha aceptado que los mismos corruptos de toda la vida, son ahora los encargados de decidir quién merece morir, a causa de un delito, y ni hablar de la cantidad de "casos" con culpables fabricados que habría.
Hablar de pena de muerte sin hablar de una reforma integral, y más que reforma pensemos en un cambio total, del sistema de justicia mexicano es un oportunismo barato, que habla más del imbecilismo de nuestros políticos.
Pero nada se puede esperar de quienes, con el presupuesto público, esto es, con nuestros impuestos, financian una vida de lujo y boato sin igual.
El partido verde es un negocio familiar, y quienes han obtenido cargos a través de éste partidito, no representan los intereses de la sociedad.
Como lo dice la propia Lydia, los patidos verdes del mundo están a favor de la vida, y ninguno propondría en sus respectivos países la adopción de tal medida como castigo para asesinos y secuestradores.
Desde mi personal punto de vista, el país no está listo para proponer, siquiera, discutir seriamente un tema tan delicado como la pena de muerte.

viernes, 9 de enero de 2009

Viernes de lo extraviado

"La decisiva imagen es de Juan Rulfo: un camino que al no tener lados representa una dirección antes que un trayecto, y un trayecto que a su vez abarca todo lo que en él se recorra, aunque esté próximo o sea lejano. Arrieros somos y en los caminos sin orillas andamos."
Fernando Solana, Camino sin orillas, Milenio Diario 9/1/2009


Al leer la columna de Fernando, uno no puede dejar de percatarse que, si bien la mentalidad contemporánea insiste en la unidimensionalidad del pensamiento, en el que todo debe cumplir una función, y nada debe de ser superfluo o inútil (desde un punto de vista funcionalista y materialista), el transitar un camino como el descrito líneas arriba conlleva una aceptación de cosas, manifestaciones de uno mismo, que no siempre son agradables.
Clarifico: todos, sin excepción, estamos marcados por un "molde", la esencia de lo humano. Dentro de este molde se recortan nuestras más secretas ambiciones y anhelos.
Que han sido los mismos, a lo largo de las épocas, no variamos. Podría pensarse que estamos destinados, fatalmente, a repetirnos una y otra vez.
Pero las configuraciones personales, los puntos de vista de cada uno de nosotros, puestos en circunstancias, épocas y espacios propios, hacen de cada uno de estos recorridos algo irrepetible.
Nada nuevo se ha dicho hasta el momento.
Me encuentro a mí mismo en una encrucijada, de la cual intuyo, más no estoy seguro, cual puede ser el siguiente paso en el recorrido.
En esta encrucijada, mis anhelos, mis convicciones, mis pasiones, se han puesto en entredicho, en juego. Aún no sé cuales resistirán, y cuales otras no son más que ensoñaciones.
Mis sentimientos también están fluctuando, de una resignación amarga (pero resignación al fin y al cabo), a un desencanto completo.
Entre las etapas intermedias se encuentran toda la gama de emociones: alegría, tristeza, rabia, odio. Y es esto lo que me lleva a interrogar, a cuestionar si es válido el sentimiento, como parte del camino.
El odio, la rabia, son sentimientos que ya he experimentado antes. Y sin embargo, nunca tan potencializados como ahora. Es cuando quiero gritar, y que en mi grito todo se disuelva.
Pero, si algo he aprendido, es que no hay absolutos en el camino.
Sólo hay camino.
Y en esta parte, en este momento de mi recorrido, me toca experimentar este odio.
Me digo que no he perdido más que cualquier otro hombre o mujer. Que todos experimentamos esta orfandad.
Pero es una mentira.
Nadie conoció a la persona que fue mi madre, no como yo la conocí. Por eso fue mi madre, la de nadie más; incluso distinta a la persona que conocieron mis propios hermanos.
Cada uno de nosotros guarda una imagen distinta, y a la vez tan común para nosotros.
Nadie más conoció esa mezcla de facetas, nadie las experimentó.
Pero ya no lo es más.
Vivir es un tránsito, un recorrido, que conlleva la noción de un principio y un final. Eso es vivir, por tanto, es errónea también la noción de que los que mueren siguen viviendo el recuerdo.
En la memoria quedan registradas las decisiones de las personas y sus consecuencias. Pero ya no hay más elecciones, ni más errores o aciertos.
Una vez que cesa el aliento, el conjunto de todas esas acciones se ha perdido. Por lo menos la mayor parte, porque no alcanzamos a conocer completamente lo que las personas fueron, lo que hicieron para llegar a ser quienes eran.
Es por eso que sí he perdido algo que nadie más ha perdido, o volverá a perder. No sé si mi madre vivirá a través de mí.
Quiero pensar que una parte de ella, la mejor que tengo en mí, guiará mis pasos.
Pero no me engaño: algo se ha perdido en las vueltas del camino, por más que no era mío, y me cuesta mucho devolverlo.

jueves, 8 de enero de 2009

Feliz Año Nuevo en Gaza

"También tú has hecho como si no supieras nada y has cerrado los ojos.
¿Dónde está el próximo matadero?"
Elías Canetti, Apuntes

Gaza es una región que se encuentra lejos. Muy lejos como para que podamos oler la sangre, o recorrer las ruinas de edificios y casas. Tampoco podremos ver los restos humanos desperdigados, ni atender a los cientos de heridos y mutilados que el conflicto actual dejará.
Gaza está muy lejos como para organizar una cadena humanitaria de ayuda, o para que las universidades públicas sean sede de movimientos estudiantiles, que exijan el cese de las acciones militares.
Imaginemos que, en un momento dado, podamos salir de nuestra abulia, de nuestra cotidiana indiferencia, y situémonos en un escenario semejante: dos países cercanos al nuestro, abren hostilidades. Furiosamente se atacan uno a otro, sin importarles la población civil atrapada en el área de combate.
Imaginemos que uno de los contendientes es, militarmente, más fuerte que el otro, y que comienza a desplegar una ofensiva brutal. Los heridos comienzan a saturar el sistema de salud, lo que se agrava porque la otra parte no permite que la ayuda humanitaria llegue hasta los hospitales.
Toda vez puestos en este escenario, ¿no deberíamos exigir, por simple empatía, el cese de acciones que causan estragos tan devastadores?
¿No deberíamos, por simple piedad, exigir al gobierno que presione para que se declare un alto al fuego?
Dejemos de lado las cuestiones ideológicas que alimentan el conflicto. Dejemos de lado el quién comenzó con las hostilidades. Aunque se puede argumentar que el otro lado, el que despliega la ofensiva, también tiene su cuota de muertes y heridos por las acciones del adversario, ¿es suficiente excusa para causar tal destrucción?
No lo sé. Porque no podría decir si el exterminio de la población civil, en especial niños (de uno u otro bando), asegurarán el cese de ataques.
Y de igual forma, creo que estamos demasiado lejos, tanto física así como emocionalmente, del conflicto. Porque no hacemos nada que presione a las partes a sentarse y resolver por la vía del diálogo el conflicto.
Tal vez, hace ya mucho tiempo que todos estamos sordos, por eso no oímos las súplicas de ayuda.

miércoles, 7 de enero de 2009

Agradecimiento

Ahora estamos de vuelta en la vida cotidiana.
Pasaron las fiestas. No tan rápido como hubiera deseado, pero pasaron, y a pesar de todo no resultaron tan malas como pude haber esperado.
Es cierto que mi madre hace casi cinco meses que falleció. Navidad y Año Nuevo resultaban ser sus festividades preferidas. También para mí lo eran.
Pasamos las dos fechas en casa. El acantilado es nuestra ubicación preferida, y era justo que estuviéramos celebrando estas fechas en casa.
Los amigos acudieron, y fueron, como siempre, generosos. La actividad fue incesante, y no tuvimos descanso. La cena del 24 fue sencilla, pero suculenta. Esperaba que otros pudieran estar en paz.
Pensé en mis hermanos, en qué estarían haciendo para ir pasando la noche, y luego el día siguiente.
El 31 la fiesta fue total. Casa llena, familia reunida, y la Marfila en cama temprano, pero bellísima con su vestido chino.
Desde mi corazón, quiero agradecerles a todos que hayan estado con nosotros en estos días.
Ahora, ya instalados en 2009, me doy cuenta de que mi corazón está abierto de un lado, y que sólo con fíbulas podrá seguir unido.
Alguien escribió que 2008 fue el año en que casi caímos al abismo. Y que 2009 es un buen año pra dar el paso al frente.
De cara a mi propio abismo, ya no necesito dar un paso al frente. Quiero dar un paso hacia mi madre, y volverla a ver.