martes, 14 de octubre de 2008

Luciernagas traducidas

En el año 2003, Random House publicó una biografía de los últimos años de John Lennon(Nowhere Man: los últimos años de John Lennon). Su autor es un periodista y editor de NY: Robert Rosen.
Durante una semana estuve con Robert y su esposa Mary, en entrevistas. Tanto como acompañante como traductor.
Por un tiempo le perdí el rastro. Ahora nos hemos vuelto a poner en contacto, rememorando ese tiempo, y mostrando uno al otro lo que se ha hecho en estos años.
Bob ha estudiado español (que no hablaba en aquel tiempo), y ha empleado su tiempo en traducir algunos de mis poemas.
He aquí el resultado, junto con mi eterno agradecimiento.


Inheritance II
(fragment)
Of his mother it was the sadness in her shoulders.
The bundle
The life
A beast with the weight of the world
Her back twisted.
The price of having known the inventory of the lost...
The words with constant presence of death,
To destroy rooms without invitation.
Hardly speaking of the shadows.
He does not mention names.
And he avoids making the regions of sadness more extensive.
Curse to Found Empires
He said:
This is not my house;
You are not my family...
I am not welcome
He left then;
He didn’t return anymore
He avoided dried corpses;
In the wastelands,
The dogs offered
Smiles as farewell
This way is how you win an empire, and lose other things.

miércoles, 8 de octubre de 2008

Cosas entrañables

Comezó a recordar las muchas cosas que ya no haría, de ahora en adelante; entre muchas otras:

El resplandor de madre por las mañanas.



Desayunar con ella hot cakes los domingos.



La luz entrando por la ventana del desyunador, el que estaba en casa del padre, la casa original donde nacieron.



Su risa, cuando había logrado su objetivo: hacerme perder la paciencia.





Una mañana que amanecí en el pequeño estudio donde estaban mis libros.



Juguetes que tuve y que después perdí: un ejemplo serían los boxeadores que jamás he vuelto a ver ni siquiera en las cosas desechadas.



Que Madre maquillara mi rostro exageradamente y después bromeara todo el día.

La higuera en casa de padre, y las tardes que el loro de la familia se subía a lo más alto del árbol para atiborrarse de higos, mientras maldecía de cuando en cuando.

Reunirse en torno a la mesa de la cocina, y pasar la tarde platicando de cosas simples, hasta provocar una de dos cosas: o bien una carcajada ininterrumpida, o el enojo explosivo de Madre.

Deslizarse por la calle, en el carrito que no giraba, iba siempre en línea recta, impulsado por el desaforado esfuerzo de sus piernas.

Las vacaciones que pasaron en un rancho, poco después de la muerte de su padre. Y algún otro viaje que hicieron a la playa.