viernes, 26 de septiembre de 2008

CASA VACÍA

Está solo en la casa.
Ningún ruido interrumpe la desolación de las habitaciones.
Por primera vez sabe que nada vendrá a interrumpir el silencio que reina en toda la construcción.
Esta casa la heredaron del padre. Los tres hermanos saben que, ahora, éste es su reino.
Despojos, cosas carentes de referentes. Todo un imperio para reconstruir.
Él observa atentamente la fotografía que preside la chimenea de la sala.
A Madre le encantaba verse, y recordarse de tal forma: joven, el pelo suelto hasta la cintura, la mirada clavada directamente al frente.
La mirada es fuerte, desafiante, como siempre lo fue Madre. Como siempre lo fue, incluso cuando estaba en sus últimos días.
Sigue presidiendo la casa, colocada en lo alto de la chimenea.
A Madre le encantaba prender la chimenea, sobre todo en las fiestas de Navidad. Reunidos alrededor de la mesa, cenaban, mientras el fuego crepitaba.
Todavía están ahí las cenizas de la última ocasión en que se intentó prender fuego en ella. La madera no ardió como debía, y el humo comenzó a invadir la sala.
Ahora no saben cuando volverá a encenderse, ni cuando volverán a celebrar una navidad.
Cenizas y recuerdos. Materia de la melancolía.
Sabe que no volverá a ver, más que en su memoria y (quizá) en el sueño, a Madre. Y ya está desconfiando de sus recuerdos.
Duda de su capacidad para convocarla.
Se interroga, duda de los detalles que logra sacar a flote.
Nada se mueve, excepto el viento que sopla entre los árboles del jardín.
Silba entre las ramas que forman un techo sobre el patio. Los árboles son testigos, lo sabe, de la historia que se tejió en esta casa.
Madre adoró siempre las plantas. Tal vez por el recuerdo de la casa en donde creció, en la que su propia madre conservaba en macetas distintas flores.
Ahora, el jardín se puebla de flores, que nacen de las semillas que el viento lleva. Crecen desmedidamente (a Madre le hubiera agradado), al igual que lo que cae en el olvido.

EVANGELIOS GNÓSTICOS

Esta frase fue extraída de los llamados Evangelios Gnósticos, o más comúnmente, los Rollos del Mar Muerto. Elaine Pagel (Grijalbo Mondadori; 1996) analiza el contenido de estos evangelios, en algunos casos contienen tradiciones más antiguas que los Evangelios del Nuevo Testamento.
Esta frase atribuida a Jesús, en el Evangelio según Tomás, siempre me ha fascinado, por las implicaciones que conlleva.

"Si sacas lo que hay dentro de ti, lo que saques te salvará. Si no sacas lo que hay dentro de ti, lo que no saques te destruirá".

miércoles, 10 de septiembre de 2008

Un imperio de objetos vacíos

Estamos en medio del caos. La casa está siendo desmantelada, paso a paso.
El pasado emerge de nuevo ante nuestros ojos. Pero ahora luce más deslavado, menos imponente. Algo se ha desvanecido.
El aura de los objetos no es la misma.
¿De qué sirven estas cosas? Su dueña ha partido, su viaje inició hace ya casi un mes.
Sólo ella conocía la historia de los objetos que pueblan esta casa. Sólo ella relacionaba las porcelanas y las telas, los vestidos, los utensilios de cocina, con épocas que sólo ella pudo conocer.
En el mejor de los casos, nosotros oímos de esos tiempos, pero sólo fragmentos.
¿Qué hacer? Observo las vajillas y los juegos de té. Solía imaginar mundos completos con estos implementos. Pequeños trozos de realidades encerrados en las vitrinas del comedor.
Un juego de vajilla china era mi preferido. Tazones para sopa, con sus respectivas cucharas, todos de porcelana. Un universo entero que manipulaba, y quién sabe, quizá los engranajes del universo se ponían en marcha. ¿Qué son para mí ahora?
Recuerdos de una casa que se empieza a deshabitar.
Sólo eso.

martes, 9 de septiembre de 2008

De MEMORIAS DE ADRIANO; Entrar a la muerte con los ojos abiertos

Reproduzco las últimas líneas del libro Memorias de Adriano, de Marguerite Yourcenar, sugerencia de mi maestro, Fernando Solana, para tratar de paliar el tránsito que supone la muerte a otro estado. Como siempre, no puedo agradecer a Fernando por sus enseñanzas:

"Mínima alma mía, tierna y flotante, huésped y compañera
de mi cuerpo, descenderás a esos parajes pálidos, rígidos y desnudos, donde
habrás de renunciar a los juegos de antaño. Todavía un instante miremos juntos
las riberas familiares, los objetos que sin duda no volveremos a ver... Tratemos
de entrar en la muerte con los ojos abiertos..."

hoy martes, día de lluvia

Llueve, de nuevo amaneció lloviendo.
Lleva así la ciudad más de 15 días. Llueve por fuera y por dentro de mí.
El domingo 17 de agosto, a las 11:45 de la noche mi madre murió.
Su enfermedad por fin encontró la manera de ponerla a dormir, y quiero pensar que sueña.
Nada se nos arrebata. Si la muerte es parte del orden de la naturaleza, y seguimos ese orden con nuestra razón, nada que llegue a esta etapa del orden debería pesarnos.
Y sin embargo su partida deja muchas historias sin contar, muchas preguntas que ya no podran hacerse, muchísimos "buenos días" que ya no podremos oír.
Su imagen cuidando el jardín de la casa en que vivimos queda flotando. La maleza parece saber que su guardián no está más, y comienza una lenta y persistente invasión de los espacios.
El recuerdo también comenzó a invadir el corazón y el sueño. Pero algunos detalles parecen difuminados, desvanecerse por más que la memoria busque afinarlos.
Hoy sigue lloviendo. Y así quedará la ciudad durante muchos años más.