viernes, 15 de agosto de 2008

Por qué se escribe

Se me ocurre persistir en la escritura.
Quizá porque no tengo nada más, porque dilapidé mis oportunidades de llevar una vida normal, porque nunca he querido ser normal.
¿Es válido porfiar tanto en la realización de una idea?
¿Y qué busca uno con ella?
Alguien me sugirió que busco reconocimiento en mi escritura. Que busco una validación de las demás personas por lo que hago, por lo que escribo.
En mi caso, el reconocimiento es algo tangencial. Es decir, no es el objetivo principal de mi escritura.
Como dijo José Emilio Pacheco, en nuestros primeros intentos queremos que se nos reconozca, se nos alabe, se publique y, si es posible, que se nos pague.
Escribir es un acto de sobrevivencia, para mí en lo personal; escribir fue la forma en que pude sacar, no sé si parcialmente, la tristeza y la angustia que me permeaban.
Escribir es una manera de conectar mi experiencia interna, mi vivencia del mundo y lo que en él me ha tocado en suerte conocer. El poema, es el puente que permite objetivar en una hoja de papel mi subjetividad. (Pero también, al escribir aquí, debería decir que el puente conecta dos ámbitos virtuales: el espacio de mi subjetividad y el espacio de la red, intangibles presencias que operan en el mundo).
Que se me reconozca o no, carece de importancia. Que sería algo deseable, y quizá anhelado, tengo que admitirlo. Pero el reconocimiento, como ya dije, es algo tangencial; lo que queda al escribir es un testimonio de mi paso por el mundo.
Y cuántos testimonios de esta naturaleza no se han extraviado en el tiempo.

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