miércoles, 17 de diciembre de 2008

Tierra Baldía

En la casa, los muebles han empezado a desaparecer.
También las cosas que fueron de Madre. Extraños en su mayoría, y algunos familiares, se han disputado los utensilios de la cocina. Otros más se llevarán los muebles.
No quiso ver la rebatiña. No quiso, tampoco, apropiarse de algo más de lo que ya tiene, de lo que sacó de la casa.
¿Para qué?
De por sí las cosas están fuera de sitio, se encuentran en un remolino que las dispersa, las pone fuera del contexto en el que una vez estuvieron inscritas.
Ahí apareció la pierna de la bailarina de porcelana, la que rompió con un balón. Era la preferida de Madre, y durante mucho tiempo (aunque no lo dijo) ver la imperfección, la línea que delataba el daño, le producía un desasosiego extraño. Algo se anunciaba con esa mutilación.
Pero ninguno de ellos supo qué exactamente.
Pronto no quedará ni siquiera esa pierna quebrada, para dar cuenta de lo que aconteció. Como ya han ido desapareciendo objetos, familiares en el pasado, y que dejan sentir todo el peso del vacío al ya no estar en sus lugares acostumbrados.
Alguien, sin rostro, sin relación, sin pasado, vendrá a ocupar esta casa.
Y no habrá nada en ella que le pueda sugerir la presencia de Madre.
Para entonces ya no estarán las figuras de porcelana, las máscaras, los platones de ornato, los trastes viejos en donde cocinaba. No habrá nada.
Y entonces será como si el universo naciera en ése preciso momento. Porque el pasado comenzará en cuanto los nuevos inquilinos traspongan el umbral.
¿Y ellos? Ellos estarán dispersos, separados.
En una nueva matriz, generando una historia nueva.
O quizá, sean borrados de la faz del mundo. ¿Qué caso tendría seguir en un lugar desprovisto de centro?

miércoles, 5 de noviembre de 2008

ACTA DE FE

Entre la oscuridad de no-ser, el nacimiento.
Salir, destino de los hombres.
El golpe, no conocerse.
Entre eso, estallidos que alumbran, brevemente, lo que somos, lo que hemos sido.
Recorren nuestra penumbra y por un leve instante, reconocemos.
Elementos que nos habitan y deshabitan conforme el tiempo transcurre. Toda belleza es transitoria, toda maldad es evanescente. Todo es dukha, todo es maya.
Y luego, escribir un rostro con mapas. Encontrar al rostro habitado por otros, que jamás llegan a intercambiar parabienes o imprecaciones.
La oscuridad de ser.
El golpe, no conocerse.
Regresar, la muerte, el silencio.
Entre eso, la palabra, la escritura. Textos para habitar el mundo y describir el parpadeo llamado percepción.
Hasta agotar la palabra o agotar el mundo. Lo que suceda primero.

martes, 14 de octubre de 2008

Luciernagas traducidas

En el año 2003, Random House publicó una biografía de los últimos años de John Lennon(Nowhere Man: los últimos años de John Lennon). Su autor es un periodista y editor de NY: Robert Rosen.
Durante una semana estuve con Robert y su esposa Mary, en entrevistas. Tanto como acompañante como traductor.
Por un tiempo le perdí el rastro. Ahora nos hemos vuelto a poner en contacto, rememorando ese tiempo, y mostrando uno al otro lo que se ha hecho en estos años.
Bob ha estudiado español (que no hablaba en aquel tiempo), y ha empleado su tiempo en traducir algunos de mis poemas.
He aquí el resultado, junto con mi eterno agradecimiento.


Inheritance II
(fragment)
Of his mother it was the sadness in her shoulders.
The bundle
The life
A beast with the weight of the world
Her back twisted.
The price of having known the inventory of the lost...
The words with constant presence of death,
To destroy rooms without invitation.
Hardly speaking of the shadows.
He does not mention names.
And he avoids making the regions of sadness more extensive.
Curse to Found Empires
He said:
This is not my house;
You are not my family...
I am not welcome
He left then;
He didn’t return anymore
He avoided dried corpses;
In the wastelands,
The dogs offered
Smiles as farewell
This way is how you win an empire, and lose other things.

miércoles, 8 de octubre de 2008

Cosas entrañables

Comezó a recordar las muchas cosas que ya no haría, de ahora en adelante; entre muchas otras:

El resplandor de madre por las mañanas.



Desayunar con ella hot cakes los domingos.



La luz entrando por la ventana del desyunador, el que estaba en casa del padre, la casa original donde nacieron.



Su risa, cuando había logrado su objetivo: hacerme perder la paciencia.





Una mañana que amanecí en el pequeño estudio donde estaban mis libros.



Juguetes que tuve y que después perdí: un ejemplo serían los boxeadores que jamás he vuelto a ver ni siquiera en las cosas desechadas.



Que Madre maquillara mi rostro exageradamente y después bromeara todo el día.

La higuera en casa de padre, y las tardes que el loro de la familia se subía a lo más alto del árbol para atiborrarse de higos, mientras maldecía de cuando en cuando.

Reunirse en torno a la mesa de la cocina, y pasar la tarde platicando de cosas simples, hasta provocar una de dos cosas: o bien una carcajada ininterrumpida, o el enojo explosivo de Madre.

Deslizarse por la calle, en el carrito que no giraba, iba siempre en línea recta, impulsado por el desaforado esfuerzo de sus piernas.

Las vacaciones que pasaron en un rancho, poco después de la muerte de su padre. Y algún otro viaje que hicieron a la playa.

viernes, 26 de septiembre de 2008

CASA VACÍA

Está solo en la casa.
Ningún ruido interrumpe la desolación de las habitaciones.
Por primera vez sabe que nada vendrá a interrumpir el silencio que reina en toda la construcción.
Esta casa la heredaron del padre. Los tres hermanos saben que, ahora, éste es su reino.
Despojos, cosas carentes de referentes. Todo un imperio para reconstruir.
Él observa atentamente la fotografía que preside la chimenea de la sala.
A Madre le encantaba verse, y recordarse de tal forma: joven, el pelo suelto hasta la cintura, la mirada clavada directamente al frente.
La mirada es fuerte, desafiante, como siempre lo fue Madre. Como siempre lo fue, incluso cuando estaba en sus últimos días.
Sigue presidiendo la casa, colocada en lo alto de la chimenea.
A Madre le encantaba prender la chimenea, sobre todo en las fiestas de Navidad. Reunidos alrededor de la mesa, cenaban, mientras el fuego crepitaba.
Todavía están ahí las cenizas de la última ocasión en que se intentó prender fuego en ella. La madera no ardió como debía, y el humo comenzó a invadir la sala.
Ahora no saben cuando volverá a encenderse, ni cuando volverán a celebrar una navidad.
Cenizas y recuerdos. Materia de la melancolía.
Sabe que no volverá a ver, más que en su memoria y (quizá) en el sueño, a Madre. Y ya está desconfiando de sus recuerdos.
Duda de su capacidad para convocarla.
Se interroga, duda de los detalles que logra sacar a flote.
Nada se mueve, excepto el viento que sopla entre los árboles del jardín.
Silba entre las ramas que forman un techo sobre el patio. Los árboles son testigos, lo sabe, de la historia que se tejió en esta casa.
Madre adoró siempre las plantas. Tal vez por el recuerdo de la casa en donde creció, en la que su propia madre conservaba en macetas distintas flores.
Ahora, el jardín se puebla de flores, que nacen de las semillas que el viento lleva. Crecen desmedidamente (a Madre le hubiera agradado), al igual que lo que cae en el olvido.

EVANGELIOS GNÓSTICOS

Esta frase fue extraída de los llamados Evangelios Gnósticos, o más comúnmente, los Rollos del Mar Muerto. Elaine Pagel (Grijalbo Mondadori; 1996) analiza el contenido de estos evangelios, en algunos casos contienen tradiciones más antiguas que los Evangelios del Nuevo Testamento.
Esta frase atribuida a Jesús, en el Evangelio según Tomás, siempre me ha fascinado, por las implicaciones que conlleva.

"Si sacas lo que hay dentro de ti, lo que saques te salvará. Si no sacas lo que hay dentro de ti, lo que no saques te destruirá".

miércoles, 10 de septiembre de 2008

Un imperio de objetos vacíos

Estamos en medio del caos. La casa está siendo desmantelada, paso a paso.
El pasado emerge de nuevo ante nuestros ojos. Pero ahora luce más deslavado, menos imponente. Algo se ha desvanecido.
El aura de los objetos no es la misma.
¿De qué sirven estas cosas? Su dueña ha partido, su viaje inició hace ya casi un mes.
Sólo ella conocía la historia de los objetos que pueblan esta casa. Sólo ella relacionaba las porcelanas y las telas, los vestidos, los utensilios de cocina, con épocas que sólo ella pudo conocer.
En el mejor de los casos, nosotros oímos de esos tiempos, pero sólo fragmentos.
¿Qué hacer? Observo las vajillas y los juegos de té. Solía imaginar mundos completos con estos implementos. Pequeños trozos de realidades encerrados en las vitrinas del comedor.
Un juego de vajilla china era mi preferido. Tazones para sopa, con sus respectivas cucharas, todos de porcelana. Un universo entero que manipulaba, y quién sabe, quizá los engranajes del universo se ponían en marcha. ¿Qué son para mí ahora?
Recuerdos de una casa que se empieza a deshabitar.
Sólo eso.

martes, 9 de septiembre de 2008

De MEMORIAS DE ADRIANO; Entrar a la muerte con los ojos abiertos

Reproduzco las últimas líneas del libro Memorias de Adriano, de Marguerite Yourcenar, sugerencia de mi maestro, Fernando Solana, para tratar de paliar el tránsito que supone la muerte a otro estado. Como siempre, no puedo agradecer a Fernando por sus enseñanzas:

"Mínima alma mía, tierna y flotante, huésped y compañera
de mi cuerpo, descenderás a esos parajes pálidos, rígidos y desnudos, donde
habrás de renunciar a los juegos de antaño. Todavía un instante miremos juntos
las riberas familiares, los objetos que sin duda no volveremos a ver... Tratemos
de entrar en la muerte con los ojos abiertos..."

hoy martes, día de lluvia

Llueve, de nuevo amaneció lloviendo.
Lleva así la ciudad más de 15 días. Llueve por fuera y por dentro de mí.
El domingo 17 de agosto, a las 11:45 de la noche mi madre murió.
Su enfermedad por fin encontró la manera de ponerla a dormir, y quiero pensar que sueña.
Nada se nos arrebata. Si la muerte es parte del orden de la naturaleza, y seguimos ese orden con nuestra razón, nada que llegue a esta etapa del orden debería pesarnos.
Y sin embargo su partida deja muchas historias sin contar, muchas preguntas que ya no podran hacerse, muchísimos "buenos días" que ya no podremos oír.
Su imagen cuidando el jardín de la casa en que vivimos queda flotando. La maleza parece saber que su guardián no está más, y comienza una lenta y persistente invasión de los espacios.
El recuerdo también comenzó a invadir el corazón y el sueño. Pero algunos detalles parecen difuminados, desvanecerse por más que la memoria busque afinarlos.
Hoy sigue lloviendo. Y así quedará la ciudad durante muchos años más.

viernes, 15 de agosto de 2008

Retrato del dialéctico

Dilapidó sus dones naturales, que eran muy grandes, en muchas empresas quiméricas y no obtuvo nada en cambio. Chuang Tzu.

CARTOGRAFÍA

Pa la Marfila
Por ella:
La que con ceniza teje un hogar y cubre la desnudez de tu alma.
La que te enseñó, no a mirar en tu sombra, sino a respirar en ella.
La que con voz de gato rasga tu velo.

Para ella:
Fundas un nuevo orden,
Un Año Nuevo todos los días;
Emergen continentes de tu boca,
Y vuelves a los abismos de blancura.

Con ella:
Manipulas las palabras, mutándolas en noche;
Desatas tormentas y echas por la borda
Las anclas buscando nuevos mares.

Por ella:
Escribirás de nuevo los mapas,
Y las ciudades mostrarán
Las secretas cosas que guardas del mundo en tu pecho.

Por qué se escribe

Se me ocurre persistir en la escritura.
Quizá porque no tengo nada más, porque dilapidé mis oportunidades de llevar una vida normal, porque nunca he querido ser normal.
¿Es válido porfiar tanto en la realización de una idea?
¿Y qué busca uno con ella?
Alguien me sugirió que busco reconocimiento en mi escritura. Que busco una validación de las demás personas por lo que hago, por lo que escribo.
En mi caso, el reconocimiento es algo tangencial. Es decir, no es el objetivo principal de mi escritura.
Como dijo José Emilio Pacheco, en nuestros primeros intentos queremos que se nos reconozca, se nos alabe, se publique y, si es posible, que se nos pague.
Escribir es un acto de sobrevivencia, para mí en lo personal; escribir fue la forma en que pude sacar, no sé si parcialmente, la tristeza y la angustia que me permeaban.
Escribir es una manera de conectar mi experiencia interna, mi vivencia del mundo y lo que en él me ha tocado en suerte conocer. El poema, es el puente que permite objetivar en una hoja de papel mi subjetividad. (Pero también, al escribir aquí, debería decir que el puente conecta dos ámbitos virtuales: el espacio de mi subjetividad y el espacio de la red, intangibles presencias que operan en el mundo).
Que se me reconozca o no, carece de importancia. Que sería algo deseable, y quizá anhelado, tengo que admitirlo. Pero el reconocimiento, como ya dije, es algo tangencial; lo que queda al escribir es un testimonio de mi paso por el mundo.
Y cuántos testimonios de esta naturaleza no se han extraviado en el tiempo.

miércoles, 13 de agosto de 2008

Homenajes I

Para Fernando Solana, invariablemente

Pierde y gana el paraíso
Pende del lazo de una araña

Notre-Dame, al centro, envuelve la luz
En hilos como filo de cristales.


Llora lento sus frutos un árbol de higos,
En otras eras.
Margules, al centro del tiempo, escenario en mano,
Reverencia a su noche y de repente: “buenos días”, en cualquier otra parte.

Kelly pinta un cuadro, con dedos ebrios de luz:
“Solana guarda al sol entre sus Olivares,
Y el Buda ríe aceitunas de oro:
Disuelve este páramo yermo.”

Todo es dukha, repites entre dientes

No nos conocíamos
Sólo tres días bastaron
Y anudamos de nuevo el diálogo de siempre.

Yourcenar es una patria inmensa, donde aprendo a balbucear.
Apareció mientras buscaba al padre.


Entre las brumas del camino,
Acaso pude ver el rostro de la amistad.

Homenajes: Basho, el viaje hacia todos y ninguno de los lugares

Te enfrentas a la narración de parajes que, quizá, ya estén perdidos para siempre.
Entre las líneas que te hablan de los santuarios, de los lagos, de los personajes del Japón ancestral, vivo y detenido en el blanco de la página, se encuentran los atisbos de la fugaz belleza del haikú.
Sólo puedo decir, por lo pronto, que mi sombrero ha caído de mi cabeza, mi boca permanece abierta, no puedo reponerme aún de la sorpresa. Como César, lloro por todo el tiempo que no tendré para mejorar mi escritura.